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Octubre, mes de la Recuperación: acompañar, comprender y construir oportunidades

Foto del escritor: Miguel Sanhueza Cisternas
Miguel Sanhueza Cisternas
hace 2 horas
7 min de lectura


El aporte de los equipos psicosociales y del Trabajo Social Clínico en la recuperación de las personas con consumo problemático de alcohol y otras drogas.



Una invitación a comprender y acompañar


El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) impulsa durante octubre la conmemoración del mes de la Recuperación, con el propósito de visibilizar los procesos de recuperación de las personas que presentan consumo de alcohol y otras drogas.


Esta iniciativa busca que la sociedad en su conjunto se involucre activamente en esta tarea, con especial atención en reducir los estigmas y fortalecer la integración social.


Esta conmemoración nos invita a reflexionar sobre cómo acompañamos a las personas que atraviesan estos procesos y qué podemos hacer, desde nuestros distintos espacios, para contribuir a una sociedad más informada, respetuosa e inclusiva.


Desde los equipos psicosociales y, especialmente, desde el Trabajo Social Clínico, la invitación adquiere un significado particular: reconocer que la recuperación no depende únicamente del tratamiento, sino también de las oportunidades, los vínculos y el apoyo que las personas encuentran en sus familias y comunidades.


Porque hablar de recuperación es hablar de dignidad, derechos, participación y posibilidades de cambio. Es comprender que detrás de cada historia de consumo hay una persona que merece ser escuchada y acompañada, sin prejuicios y con oportunidades reales para construir un proyecto de vida.


Recuperarse es mucho más que dejar de consumir


Cuando hablamos de recuperación, muchas veces pensamos que una persona ha logrado salir adelante cuando deja de consumir alcohol u otras drogas. Sin embargo, la recuperación puede significar mucho más que la abstinencia.


También puede representar recuperar la confianza, reconstruir relaciones familiares, retomar los estudios, encontrar un trabajo, fortalecer la autoestima, aprender a pedir ayuda o volver a participar en actividades de la comunidad.


Son avances que, desde afuera, pueden parecer pequeños, pero que para quien los vive pueden significar un cambio profundo en su vida.

Cada persona tiene su propia historia y sus propios tiempos. Los procesos de recuperación no siempre son lineales: pueden existir avances, dificultades y recaídas que requieren comprensión, evaluación y ajustes en los apoyos y tratamientos.


Por eso, es importante reconocer los logros sin exigir que todas las personas sigan el mismo camino. La recuperación debe considerar las necesidades, las capacidades y los objetivos de cada persona, respetando su dignidad y su derecho a participar en las decisiones que afectan su vida.


Desde esta perspectiva, recuperarse no consiste solamente en superar un problema, sino también en encontrar nuevas formas de vivir, fortalecer los vínculos y desarrollar un proyecto de vida con sentido.


El estigma: una barrera que debemos enfrentar como sociedad


Uno de los principales obstáculos que enfrentan las personas con problemas de salud mental o trastornos por consumo de sustancias es el estigma.


Todavía escuchamos expresiones que asocian el consumo problemático con la falta de voluntad, la irresponsabilidad o la incapacidad de cambiar. También existen prejuicios hacia quienes presentan problemas de salud mental, lo que puede llevar a que muchas personas oculten lo que están viviendo por temor a ser juzgadas o discriminadas.


Estas actitudes tienen consecuencias concretas. Pueden dificultar que alguien pida ayuda, afectar sus relaciones familiares, limitar sus oportunidades laborales y generar aislamiento social.


Combatir el estigma no significa desconocer los problemas que el consumo de sustancias puede generar en la vida personal y familiar. Significa comprender que ninguna persona puede ser definida únicamente por su diagnóstico, sus dificultades o su historia de consumo.


Detrás de cada situación hay una persona con capacidades, experiencias, derechos y posibilidades de cambio.


El mes de la Recuperación es una oportunidad para promover una conversación más respetuosa e informada, reconocer los avances de las personas y comprender que la inclusión social también forma parte de la recuperación.


La Organización Mundial de la Salud (2021) destaca la importancia de desarrollar servicios comunitarios de salud mental que respeten los derechos humanos, promuevan la autonomía y favorezcan la participación de las personas en sus propios procesos de atención.


¿Por qué son importantes los equipos psicosociales?


Los equipos psicosociales cumplen un papel fundamental porque permiten comprender que la salud mental y el consumo de sustancias no pueden abordarse de manera aislada de la realidad en que viven las personas.


No es lo mismo enfrentar un problema de salud mental contando con una familia que apoya, una vivienda estable y oportunidades laborales, que hacerlo en medio de la soledad, los conflictos familiares, las dificultades económicas o la falta de redes de apoyo.


Por eso, la atención requiere una mirada integral que considere tanto las necesidades clínicas como las condiciones sociales y familiares que pueden facilitar o dificultar la recuperación.


El trabajo interdisciplinario permite reunir diferentes conocimientos y experiencias para construir respuestas más completas. Psicólogos, trabajadores sociales, médicos, enfermeras, terapeutas ocupacionales, técnicos en rehabilitación y otros integrantes de los equipos pueden contribuir, desde sus respectivas funciones, a acompañar a las personas en sus procesos de cambio.


Este trabajo también permite orientar a las familias, fortalecer los factores protectores, prevenir riesgos, favorecer la continuidad de los cuidados y conectar a las personas con recursos disponibles en sus comunidades.


La recuperación no ocurre solamente dentro de una consulta o durante una sesión terapéutica. También se construye en la casa, en el barrio, en los espacios laborales y en las relaciones cotidianas.


Por eso, los equipos psicosociales no solo acompañan tratamientos: también contribuyen a generar condiciones para que las personas puedan desarrollar sus capacidades, recuperar vínculos y participar activamente en la sociedad.


El aporte del Trabajo Social Clínico: acompañar a la persona en su realidad


Desde el Trabajo Social Clínico, la recuperación nos invita a comprender a cada persona dentro de su historia y de las relaciones que forman parte de su vida.


En nuestra práctica cotidiana encontramos personas que, además de enfrentar dificultades relacionadas con el consumo de sustancias o la salud mental, deben lidiar con la pérdida de vínculos significativos, el desempleo, los conflictos familiares, la precariedad económica o la discriminación.


Estas situaciones no siempre se resuelven exclusivamente con una intervención clínica. Muchas veces requieren escucha, acompañamiento, trabajo con las familias, articulación de redes y oportunidades concretas para recuperar la autonomía.


El aporte del Trabajo Social Clínico consiste también en reconocer los recursos personales y familiares, comprender las dificultades desde una mirada contextual y construir junto con las personas alternativas que respondan a sus necesidades.


Esto implica superar una mirada centrada únicamente en las carencias y comenzar a reconocer las capacidades, los esfuerzos y las posibilidades de cambio.


También significa entender que los usuarios no son receptores pasivos de una intervención. Son protagonistas de sus procesos de recuperación y deben tener un lugar activo en la definición de sus objetivos y decisiones.


Acompañar no significa decidir por el otro. Significa escuchar, orientar, ofrecer herramientas y construir posibilidades junto a la persona, respetando sus tiempos, sus decisiones y su dignidad.


Desde esta perspectiva, el Trabajo Social Clínico conecta el proceso terapéutico con la vida cotidiana y contribuye a que la recuperación se traduzca en oportunidades reales de bienestar e inclusión.


La familia y la comunidad también son parte de la recuperación


Las familias pueden ser una fuente importante de apoyo, pero también pueden experimentar preocupación, agotamiento, conflictos o desconocimiento sobre cómo acompañar a un ser querido.


Por eso, es necesario ofrecer espacios de orientación y escucha, evitando responsabilizar exclusivamente a las familias por las dificultades que enfrentan sus integrantes.

Del mismo modo, debemos fortalecer el vínculo entre los servicios de salud, los municipios, las organizaciones comunitarias, las instituciones educativas y los espacios laborales.


Una persona puede avanzar en su tratamiento y, aun así, continuar enfrentando barreras para encontrar trabajo, recuperar sus vínculos o participar en actividades de su comunidad. Si esas barreras no se abordan, la recuperación puede hacerse más difícil.

En cambio, una comunidad que escucha, acoge y ofrece oportunidades puede marcar una diferencia significativa.


Promover la inclusión supone dejar de mirar a las personas desde sus dificultades y comenzar a reconocerlas como integrantes de la comunidad, con derechos, responsabilidades, capacidades y aportes que realizar.


Reconocer los logros también es parte de la recuperación


En ocasiones, los avances más importantes no se expresan en grandes cambios, sino en acciones cotidianas: volver a una consulta después de un periodo difícil, pedir ayuda antes de una crisis, retomar el contacto con un familiar o participar nuevamente en una actividad comunitaria.


Como equipos de salud, tenemos el desafío de reconocer estos logros y evitar que nuestra mirada quede centrada únicamente en las dificultades, las recaídas o los problemas de adherencia al tratamiento.


Esto también requiere revisar nuestras propias prácticas y preguntarnos: ¿escuchamos realmente a las personas?, ¿reconocemos sus esfuerzos?, ¿construimos los objetivos junto con ellas?, ¿somos capaces de acompañar sin juzgar cuando los procesos no avanzan como esperábamos?

Estas preguntas son importantes para avanzar hacia una atención más humana, cercana y respetuosa.


La recuperación no se construye únicamente a partir de las intervenciones profesionales. También se fortalece cuando las personas sienten que alguien confía en ellas, reconoce sus capacidades y está dispuesto a acompañarlas en los momentos difíciles.


Una responsabilidad compartida


El mes de la Recuperación nos recuerda que construir una sociedad más inclusiva es una tarea que nos involucra a todos.


Como profesionales, tenemos la responsabilidad de fortalecer una atención integral, interdisciplinaria y centrada en las personas. Como instituciones, debemos favorecer el acceso oportuno a los tratamientos, la continuidad de los cuidados y la articulación de redes. Como comunidad, necesitamos revisar nuestros prejuicios y aprender a acompañar sin discriminar.


Desde el Trabajo Social Clínico, nuestro compromiso es contribuir a que las personas no solo reciban atención, sino que también encuentren oportunidades para reconstruir sus proyectos de vida, fortalecer sus vínculos y ejercer plenamente sus derechos.


Porque recuperarse no significa necesariamente volver a ser quien uno era antes. A veces, significa descubrir nuevas capacidades, construir otras relaciones y encontrar una forma distinta de vivir.


La recuperación es un proceso personal, pero también es una responsabilidad colectiva. No basta con pedirles a las personas que salgan adelante si, como sociedad, no estamos dispuestos a abrirles oportunidades.


Acompañar, comprender, reconocer y ofrecer oportunidades concretas son acciones que pueden marcar una diferencia. En esa tarea, los equipos psicosociales y el Trabajo Social Clínico tienen mucho que aportar.


La invitación es sencilla: informarnos, escuchar más, dejar de juzgar y comprender que detrás de cada proceso de recuperación hay una persona que merece respeto, apoyo y la oportunidad de construir un futuro mejor.





Mg. Miguel Sanhueza Cisternas

Trabajador Social Clínico

Socio Titular de la Sociedad Chilena de Trabajo Social Clínico



Bibliografía



 
 
 

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